«No fallaste…»

Cerramos la semana mundial de la lactancia materna, unos días que las redes se han llenado de experiencias personales divertidas, amorosas, desgarradoras, tristes… Muchas de ellas se suman a los relatos de violencia obstétrica que llevamos semanas leyendo.

Este verano lo hemos empezado con la negación de la violencia obstétrica por parte de colectivos médicos y oyendo discursos culpabilizando a las madres de ser ellas las que no aceptan su parto, ya que sus expectativas eran distintas a lo que vivieron.

Puede haber casos que alguna patología o complicación haga desviar de lo más natural, pero nuestra vivencia tiene mucho que ver en como nos han tratado y como nos han hecho sentir.

Muchas mujeres sienten rabia, pena, frustración, culpa, traumas, miedos… por sus experiencias de parto y se culpan de no haberlo hecho de forma distinta y creen que fallaron, pero… ¡¡NO FALLASTE!! 

No culpabilizar a las mujeres de tener demasiadas expectativas, cuando en muchas ocasiones son mujeres que no han tenido derecho a decidir, han tenido partos poco respetados, muy intervenidos, han estado desinformadas, con perinés cortados y/o desgarrados, infantilizadas, con dolor, con puntos… Mujeres que no experimentan vivencias positivas durante el parto, que les han hecho creer que su cuerpo ha fallado para parir y llegan a la lactancia poco empoderadas y con la creencia que su cuerpo puede volver a fallar.

Madres que pueden sentirse rotas por dentro y por fuera por lo que han vivido en una sala de partos, algunas con dificultades hasta para mantenerse en pie… Mujeres que intentan iniciar una lactancia en momentos que no pueden cuidarse ni de sí mismas y que luchan para que todo funcione en medio de comentarios de que no tienen suficiente leche, que sus pezones son demasiado pequeños, que el dolor es normal, que den un biberón de ayuda, …

Mujeres que se encuentran en un ambiente poco propicio para que todo pueda fluir y que les toca ser fuertes en los momentos de más vulnerabilidad, donde no se debería luchar sino escuchar los propios instintos y ser escuchadas. 

La maternidad es una etapa muy delicada, hace falta que las mujeres las acompañe un entorno (sistema, personas, profesionales…) que sea capaz de empoderarlas y devolverles su capacidad para gestar, parir y lactar. La necesidad de ser informada (no coaccionada) para que pueda decidir lo que es mejor para ella y su bebé en cada momento y sea siempre siempre siempre respetada, saliendo de su parto natural, de su un parto instrumentalizado, de su cesárea… y de la lactancia con una vivencia positiva y empoderadora.

Anna Bermudo @maternitatemocionada

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