“Se olvidó de mamar”

Hoy empieza la semana mundial de la lactancia materna 2020.

En mis dos embarazos tenía pensado que quería dar de mamar a mis hijos, pero nunca me plantee en qué momento llegaría el destete. Seguramente si me hubieran dicho que llevaría a cabo una lactancia prolongada me hubieran aparecido muchas dudas.

Como en la mayoría de lactancias, al principio la nuestra era muy constante, pero progresivamente se fue espaciando en el tiempo y en los días. Pasamos por distintas fases, crisis, dudas… y todo se iba solucionando con lecturas, acompañamiento y dejando que la misma leche fluyera. Los primeros meses el pecho era para todo y siempre, pero a medida que crecía cada vez lo necesitaba menos, hasta llegar a momentos puntuales, días que reclamaba mucho y otros sin mamar nada.

Observas que la lactancia con un hijo más mayor es distinta de cuando era muy pequeño, ahora das teta en cualquier posición, pero en cierta manera has retrocedido. Cuando es un bebé paras para dar el pecho donde sea, pero en pocas semanas, puedes llegar a dar la teta sin parar (andando, paseando, en una cola, hablando…). Ahora que son más mayores, ya ves que vuelves a parar otra vez, ya que sus dimensiones no lo hacen tan práctico. Necesitas buscar una posición más cómoda (sentada o tumbada) y a veces vuelven a ser momentos más íntimos. Es también un ratito  que se aprovecha para observar lo mayor que se ha hecho, el tiempo que ha pasado, tocar su pelo…. y sobretodo deshacerse ante esa risa succionadora con la lengua por debajo del pecho.

En nuestro caso, la primera lactancia se terminó con un “mamá no quiero más teta, quiero leche con galletas” a los 2’5 años aprox. La segunda lactancia llevaba más de 45 meses activa (casi 4 años) cuando un dolor tremendo en el pecho, advertía que alguna cosa estaba pasando. De golpe, sus labios ya no se acoplaban de igual manera y su succión era más absorbente:

¡Se había olvidado de mamar!

Habíamos pasado a una nueva etapa sin avisar. Empezaron a despertarse sentimientos contrapuestos, por un lado ganas de que la lactancia terminase, ya que había días cansados y momentos de agitación del amamantamiento, pero por otro lado adoraba esos momentos juntos. 

Su cara también fué de asombro e intentaba mamar otra vez. Buscando ese momento decidió acoplar los labios al pecho y respirar profundamente unas cuantas veces, y así recordar lo que fué nuestra lactancia.

Feliz Semana Mundial de la lactancia materna 2020.

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