¡No todos son iguales, mujer!

Algunas veces habré oído “¡No todos son iguales, mujer!” mientras contaba la experiencia de mi primer parto. 

Os pongo un poco en situación, por los que me conocéis poco, en mi primer parto sufrí violencia obstétrica. Y cuando cuento mi experiencia, a veces la reacción de algunos profesionales es ponerse a la defensiva y su respuesta es que no todos los profesionales actúan así (“No todos son iguales”). 

Sé que no todos los profesionales son iguales y no me gusta generalizar, por que hay profesionales muy respetuosos y que adoro, por eso siempre hablo desde mi perspectiva de lo que me viví con ese “ginecólogo” en particular, sin poner a todos dentro del mismos saco. 

No me gusta que nadie se siente ofendido, pero a veces me gustaría no encontrarme con una respuesta de defensa si no con una respuesta empática. 

Tampoco me gusta que me pongan en un mismo saco a mi, y con esta respuesta siento que se normaliza aún más la violencia obstétrica y no se encamina la visión hacia el respeto y la empatía. Me gustaría escuchar “trabajaré para que en mi hospital esto no ocurra” o “yo no quiero que las mujeres se sienten así con mi acompañamiento”…

Está a punto de terminarse la semana mundial del parto respetado 2020 con el lema de “Mi decisión debe ser respetada”.

Me gusta el lema de este año, siento empoderamiento en solo leerlo. Pero por otro lado topo con mis dos realidades (mis dos partos). En uno con la visión de las piernas subidas en unas perneras con la barriga enorme al centro y sintiendo como la decisión está tomada por alguien que no soy yo, alguien que se ha tomado la libertad de hacer lo que quiera con mi vagina sin consultarme, que habla dictándome sus propias normas y digiriendo todo lo que debo hacer. Sintiéndome aterrada, anulada y sin poder ver a mi bebé.

En el otro parto el recuerdo del silencio, escuchándome a mí misma y a ese sonido mamífero en cada una de las contracciones. De vez en cuando una voz dulce que diciendo “lo estás haciendo bien”, “una contracción menos”… En otros momentos el sonido del corazón de mi bebé y una respuesta “todo va bién”. Así sentí que el parto fluye, las contracciones se convierten en un oleaje, las escuchas, las notas, las sientes, las aceptas, las gozas… y tu cuerpo se va dilatando lentamente dando espacio a ese bebé que va a nacer. Ser la primera en abrazar a mi hijo, recordando para toda la vida su tacto y las primeras palabras que resuenan en ti: “No me lo creo”.

Pienso que la mujer debe estar tranquila y para que esté tranquila debe decidir. Necesita a su lado ese profesional que la deje decidir sin poner miedo en su cuerpo. Creo que la mujer tiene la necesidad y el derecho de decidir por sí misma y enfrentarse y gozar del propio parto. Es importante encontrar quien informe sin aterrar y sepa empoderar, y, si no sabe,  que derive a quien pueda aportar información veraz para que cada mujer pueda decidir sobre su parto.

Un abrazo

Anna

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